La defensa de la vida

Imagen relacionadaAviso: La presente síntesis no intenta desarrollar todos los argumentos relacionados con la defensa de la vida de la persona por nacer, sino sólo los que parecen como los más relevantes en el debate, en orden a convencer a quienes permanecen indecisos. A modo de ejemplo, no parece que la profundización del tema jurídico, o del aspecto médico-biológico sea relevante a los fines indicados, aunque sean decisivos en otros ámbitos. En cambio el argumento de las presiones sobre la mujer, el del daño que sigue a la ruptura violenta del vínculo, y el de la privación del bien del amor recíproco entre la madre y el hijo, puede convencer a personas indecisas. Mención aparte merece el argumento antinatalista-eugenésico, que constituye la motivación real de esta movida política, pero que, paradójicamente, no es fácil de desarrollar en el debate vinculándolo con el feminismo y el progresismo; no obstante, si se pudiera vencer tal dificultad, convenciendo en primer lugar a las personas más humildes, el cinismo de los abortistas quedaría puesto al descubierto, tornándose en una causa políticamente insostenible.

1. La premisa: todo individuo de la especie humana es persona. Cada niño, cada madre, cada ser humano es alguien único e irrepetible, y se presenta como una riqueza que nada ni nadie puede sustituir. Desde el momento de la concepción existe un nuevo individuo de la especie humana. “(…) de algo no deviene alguien (…) persona es alguien que pasa por diferentes estados, entonces los supone todos. No es el resultado de un cambio sino de una generación (…)” Ese alguien por su dignidad debe ser reconocido como persona y como tal, titular de todos los derechos humanos y por ende, del más fundamental de ellos, el derecho a la vida. “Para la condición de ser persona sólo puede y debe haber un criterio: la pertenencia biológica al género humano. De ahí que tampoco se puede separar el comienzo y el fin de la existencia de la persona del comienzo y fin de la vida humana. Si existe alguien, existe desde que existe un organismo individual, y seguirá existiendo mientras el organismo está vivo.”

El crecimiento del niño antes de nacer es dirigido desde su propio código genético; es decir, no es provocado ni dirigido de ninguna forma por la madre. Como todos los seres vivos el embrión se mueve por sí mismo (espontaneidad) y en su propio beneficio (inmanencia) siguiendo el “programa” que está en su código genético. La madre le da el soporte vital, por cierto, indispensable para esa etapa del desarrollo lo que, empero, en esencia no difiere de la necesidad de alimentación, oxígeno, protección, etc., que tenemos los seres ya nacidos. Aquel crecimiento sigue un orden sin solución de continuidad, sin producir cambios esenciales ni saltos cualitativos de una semana a otra, ni de un día a otro, ni siquiera de una hora a otra, por lo que el plazo de 14 semanas establecido por el proyecto de ley para requerir un aborto sin expresión de causa es absolutamente irracional, arbitrario y regresivo.

El proyecto de ley de aborto prevé la muerte física de categorías amplísimas de personas humanas, violando el valor único e irrepetible de la vida humana inocente.

2. La ruptura del vínculo madre-hijo genera dos víctimas, su conservación genera felicidad. Los seres humanos empezamos nuestra vida en el vientre de una madre que nos recibió. La relación que une a la mamá y al hijo forma el vínculo humano más fuerte que se conoce. Aunque una mujer por circunstancias que la agobian puede desconocer dicho vínculo y quebrarlo -desde el punto de vista físico- mediante un aborto, no ocurre lo mismo con los aspectos emocionales y espirituales involucrados, que tarde o temprano se replantean, llevando en general a las madres a un profundo sufrimiento psicológico y espiritual.

Una de las cosas que nos marcan de por vida, que hacen a nuestra identidad, es la filiación. Nos definimos como “hija o hijo de…” o “madre o padre de…” por eso la mujer que ha pasado por el trance del aborto no puede evitar el recuerdo del hijo que ya no está. Cada madre convive en lo sucesivo con el hecho irrefutable de la privación definitiva del bien que implica un hijo. Por el contrario, debe resaltarse y ponerse de manifiesto en el debate en defensa de la vida, que la hija o el hijo nacido es motivo de confortación, de alegría, y de superación personal. Debe exhortarse a las madres a mirar al futuro, a proyectarse en el tiempo, para que se visualicen compartiendo la vida y los afectos con ese hijo.

El proyecto de ley de aborto generará una ruptura masiva del vínculo madre- hijo, sin brindar un espacio de reflexión, ni información, sobre las consecuencias traumáticas del aborto, privando a las familias y particularmente a las madres, de un motivo de dicha a largo plazo.

3. Nadie puede trazar una línea diciendo cuáles seres humanos pueden vivir y cuáles no. Nadie debe tener el poder de decidir sobre la vida y la muerte de otros seres humanos: ¿por qué habrían de atribuirse los legisladores tal poder? ¿Por qué habríamos de reconocérselo? Si el respeto de los derechos humanos constituye el fundamento de la convivencia social y entre las naciones ¿con qué fundamento nuestros representantes podrían desconocer el principal de tales derechos, el derecho a la vida de categorías preestablecidas de seres humanos?

La esencia y la razón de ser del derecho internacional de los derechos humanos es que todos los seres humanos son titulares de prerrogativas por el solo hecho de su pertenencia al género humano. Tales prerrogativas no pueden ser desconocidas por ningún régimen político. A esta definición legal se arribó tras la horrorosa experiencia de las guerras mundiales, los genocidios y los exterminios del siglo XX. La humanidad del niño por nacer es indiscutible y en consecuencia, su supresión es un delito de lesa humanidad.

El proyecto que pretende habilitar el aborto, crea categorías de seres humanos que carecen de derechos y pueden ser suprimidos por decisión de terceros, destruyendo la piedra basal de los derechos humanos.

4. Las mujeres no eligen el aborto libremente. Contra toda evidencia, se difunde que la decisión de abortar es un acto de libertad, o de empoderamiento de la mujer o de ejercicio de sus “derechos reproductivos”. En el trabajo de contención de mamás embarazadas en situación de vulnerabilidad, se ha verificado que las presiones que la mujer recibe para abortar son muy frecuentes y que la enorme mayoría de las veces se encuentra sola y agobiada sintiendo que “no tiene elección” . Muchas, demasiadas veces, se plantea abortar por presión de su pareja. Es así víctima de la forma más perversa del machismo, viéndose obligada de diversas maneras a considerar lo que en el fondo de su alma no quiere hacer.

Muchas veces es presionada por la madre, el padre o cualquier familiar, con amenaza de castigos o de ser dejada en la calle. Muchas veces es presionada por su empleador, que la amenaza con dejarla sin trabajo. Muchas veces es presionada por el miedo o por la inseguridad de encontrarse sola criando a un hijo. La presión se multiplica si tiene más de un hijo. Muchas veces es presionada de manera sutil pero avasalladora por la cultura del descarte y del materialismo, que antepone cierta capacidad de consumo al inapreciable bien que se sigue de la relación de amor que se instaura entre la madre y el hijo. Es que sólo en un estado de extrema confusión la mamá puede perder de vista la relación de amor con su hijo.

“En relación a ello, queremos traer a colación trabajos que proponen soluciones positivas para poner término a esta situación de vulnerabilidad . En particular, nos referimos a un estudio conducido por Elard Koch y cuyos primeros resultados fueron expuestos a la comunidad internacional en Naciones Unidas en Nueva York , y que muestra que la mayoría de las mujeres embarazadas en situaciones de vulnerabilidad que reciben ayuda efectiva y acompañamiento integral, cambian su decisión de abortar. Esto proporciona nueva evidencia para sostener que tanto los programas de prevención del aborto, como aquellos que apoyan a la mujer embarazada con algún riesgo de abortar, son efectivos cuando se enfocan en resolver la situación de vulnerabilidad que lleva a considerar el aborto” (Cfr. Inst. de Bioética, obra citada). En consecuencia, en la inmensa mayoría de los casos es una hipocresía sostener que la decisión de abortar es una decisión libre. El feminismo radical pretende ignorar esta realidad, importándole nada el agravio a la dignidad de la mujer que aquella implica y no presta atención a la mencionada comprobación de aportar soluciones positivas para sacar a las madres de su situación de vulnerabilidad. Lo que hace pensar que no es el ejercicio de la libertad de la mujer lo que motiva al feminismo radical a propugnar el aborto, porque ni siquiera tiene en cuenta la promoción de las madres fuera del ámbito de vulnerabilidad, que es lo que les daría la condición indispensable para un verdadero ejercicio de la libertad.

El proyecto de ley de aborto no quitará ninguna de las presiones que sufren las madres argentinas; antes bien, las reforzará y les sumará la brutal presión del sistema de salud pública, obediente a una política antinatalista instaurada de facto, sin debate social ni legitimidad.

5. La mejora del sistema de salud y de las prestaciones sociales básicas es lo que reduce las muertes maternas. La difusión de datos falsos sobre el número de abortos, o sobre las muertes maternas por aborto, ha sido desmentida reiteradamente. Más allá de que cualquier muerte es una desgracia, en la Argentina las muertes maternas por aborto no constituyen un “problema de salud pública” en tanto afecta a un 0,025% de las muertes femeninas. Por ejemplo, por deficiencias nutricionales en 2016 murieron 525 mujeres, un mil por ciento más que por abortos en sentido amplio, y en este caso el feminismo radical no se preocupa en generar manifestaciones o proyectos de ley.

Los abortos realizados por productos químicos en el embarazo temprano y los realizados por medios quirúrgicos conllevan riesgos, como es obvio, por consistir en una interrupción, drástica y violenta, de un proceso natural. Es decir, ni son seguros, ni son menos peligrosos que dar a luz, como pretenden algunos que ya se sitúan en el delirio.

“Aborto libre y tasas de mortalidad materna: La experiencia internacional demuestra que la legalización del aborto no soluciona el problema de la mortalidad materna. En tal sentido, el proyecto de ley no contiene ninguna propuesta concreta de políticas públicas a favor de la maternidad. Se limita a la legalización completa del aborto hasta la semana 14, y aún luego de ese plazo en tres causales descriptas con particular amplitud.”

“Las muertes maternas se pueden evitar: La respuesta al problema de la mortalidad materna consiste en mejorar el tratamiento de complicaciones obstétricas, los cuidados y controles prenatales y un acompañamiento sanitario, social, económico y psicológico de la mujer y su hijo por nacer, a fin de garantizarle a ambos el máximo nivel de salud. Antes que la legalización del aborto, hay que explorar otros caminos que buscan atender a los graves problemas de salud materna que existen”.

“En Argentina, sólo el 38% de las Maternidades cumplen con todas las Condiciones Obstétricas y Neonatales Esenciales (CONE). Las CONE constituyen recursos humanos, físicos y económicos que indispensablemente deben estar presentes en todos los centros de cuidados obstétricos para garantizar la mayor seguridad en la atención materno-infantil al momento del parto.” ¿Por qué entonces los recursos del estado no se ordenan a que el 100% de las Maternidades argentinas cuenten con tales condiciones? De este modo, mediante la ley de aborto en realidad se intenta “la invisibilización de las verdaderas causas de la mortalidad materna en la Argentina.Las cifras oficiales del Ministerio de Salud de la Nación hablan por sí mismas: en el año 2016, el 55,1% de las muertes maternas se debieron a causas obstétricas directas, el 27,3% a causas obstétricas indirectas y el 17,2 % a complicaciones por aborto (en ese porcentaje no está discriminada la prevalencia del aborto provocado). Al poner el acento sólo en la legalización del aborto para reducir la tasa de mortalidad materna se está dejando la resolución de las verdaderas causas del problema.” (C. de Bioética citado)

En conclusión, la verdadera reducción de las muertes maternas, incluyendo las que se producen por abortos, pasa por algo mucho más arduo (y oneroso) cual es la mejora radical de los servicios de obstetricia en todo el país, junto a la erradicación de los centros de aborto clandestinos, todo lo cual sí constituye un grave problema de salud pública.

El proyecto de ley de aborto no contempla ninguna mejora en la atención sanitaria de la mujer embarazada.

6. El aborto no debe ser una herramienta de control de la natalidad ni una respuesta al problema de la pobreza. Advertimos que los partidarios de la ley de aborto aducen una cantidad de motivaciones aparentes y, en verdad, insostenibles. Con ellos se quiere ocultar la verdadera motivación: el objetivo político de reducción de los nacimientos en la población general, pero sobre todo entre la gente que vive en condiciones de pobreza. Como esta motivación es inaceptable desde el punto de vista ético y político, amén de que ni siquiera ha sido debatida en el seno de la sociedad, no se la suele utilizar para justificar el aborto, pero es –sin lugar a dudas– la premisa que hace concluir en la necesidad el aborto y la verdadera razón del proyecto de ley, bajo la innegable presión de diversos organismos internacionales y de factores de poder locales.

Por diversos medios se busca generar una psicosis sobre supuestos efectos negativos del crecimiento demográfico. En forma puntual se procura prevenir la procreación de quienes están bajo la línea de pobreza, asociándolo con los efectos irreversibles de la desnutrición en la primera niñez, y graves condiciones de vulnerabilidad. En estas condiciones, proyectan a mediano plazo una mayoría poblacional integrada por personas con menor materia gris y portando los traumas del abandono, los abusos, las adicciones y la violencia. Entonces, con la excusa de una falsa piedad, ya que “esos niños no pidieron venir a este mundo a sufrir”, consideran – sin tener en cuenta la opinión de los interesados directos, ni las vidas que se siegan- que el mejor remedio es el aborto. En definitiva, se procura acabar con la pobreza evitando que los pobres tengan hijos.

La palabra eugenesia no suena tan feo, pero implica un concepto tremendo: (el prejuicio de) que los pobres abandonan a sus hijos, los tornan incapaces por deficiencias nutricionales severas, y los abandonan al paco y a la delincuencia juvenil. Más allá de la denigración de los pobres, la solución a los problemas que realmente existen tampoco es el aborto sino la verdadera promoción social, como lo hacen de hecho fundaciones como las de Abel Albino, la acción de las organizaciones religiosas, entre las que se destacan la de “los curas villeros”; y el accionar de centenares de ONG y políticos verdaderamente comprometidos con la promoción de nuestros hermanos en situación de pobreza. Es más barato y sencillo, por cierto, en una cuenta inmediatista y mezquina, que las mujeres pobres aborten, que crear las condiciones para que sus hijos sean ciudadanos capacitados. Frente al intento de imponernos falsas soluciones que ni siquiera han sido objeto de debate en la comunidad nacional, exigimos al Estado políticas públicas que garanticen condiciones de vida digna, salud, educación, trabajo y vivienda, revirtiendo las condiciones estructurales que presionan a una mujer al aborto y protegiendo a los más débiles. La política de estado que esperamos los argentinos es la reversión de las causas de la pobreza.

El proyecto de ley de aborto no cambia ninguna de las causas que generan la desigualdad de oportunidades y en definitiva constituye una respuesta cínica al problema de la pobreza.

7. El proyecto de ley pretende el aborto a libre demanda, no paliar casos de extrema dificultad. Por razones tácticas, los partidarios del aborto hablan de “despenalización” y hacen referencia a situaciones extremas, como la necesidad del aborto para salvar la vida de la madre o como respuesta a la violación perpetrada contra una menor. A lo que hay que contestar, por las mismas razones, que no aquí está en debate una “despenalización”, sino la instauración de un “derecho al aborto” prácticamente a libre demanda. Si se tratara de una mera despenalización, el aborto seguiría siendo una conducta ilícita, aunque sin aplicación de penas, con lo cual nadie tendría derecho a requerir al Estado su práctica. Sin embargo se ha impuesto designar el proyecto que nos ocupa como de despenalización, como si los defensores de las dos vidas quisiéramos la cárcel para la madre en situación de vulnerabilidad; aquí lo que se discute es un proyecto de legitimación irrestricta (en la práctica) del aborto.

Al irracional establecimiento de un plazo de 14 semanas para solicitar un aborto sin expresión de causa, se suman las causales sin límite de tiempo, de laxitud tales como la salud física, psíquica y social de la madre, o la simple declaración de haber sufrido una violación. Es decir que con la mera invocación de la “situación social” de pobreza, o de proyectos personales comprometidos, se estaría abortando niños en el segundo trimestre, y hasta de siete, ocho y nueve meses de gestación. Lo que conlleva el horror de matar niños de dos a cinco kilos de peso, para lo cual se recurrirá a técnicas inhumanas, entre las que se destaca el aborto “por nacimiento parcial”.

En lo que refiere a la causal de violación, está estadísticamente comprobado que más del 90% de los casos reales de embarazo se producen por situaciones de abuso continuo en el seno intrafamiliar, de donde además de la consabida presión para deshacerse “del problema”, se somete a la mujer, menor o no, a la agresión del aborto y a la negación de la vida del hijo y de un futuro de amor con él; tras lo cual es reinsertada en el medio abusivo. Y esto sin hablar de los casos “fabricados” ante la facilidad de no tener que hacer denuncia por violación. Así y todo, el infante en gestación ¿es acaso responsable de la circunstancia de su concepción?

El proyecto de ley de aborto, mediante una decisión absolutamente injusta, pretende erigir a los legisladores en voluntades totalitarias capaces de determinar que una categoría amplísima de seres humanos carece del derecho a vivir.

8. Síntesis: El aborto mata un ser humano en gestación, destruye a la mujer y provoca una herida a toda la sociedad. El aborto produce muchas víctimas porque implica, objetivamente, la muerte de una vida humana moralmente inocente, ya sea que esta se encuentre avanzada o en sus estadios iniciales. Por su parte, la madre lejos de “terminar con un problema”, lo más probable es que no olvide al hijo que tuvo en su vientre y las circunstancias de su muerte, quedando con una herida que casi siempre, tarde o temprano, se manifestará traumáticamente de diversos modos que afectarán su vida personal, la de su familia y la de toda la sociedad.

La calidad de una sociedad se mide por la protección que le brinda a sus miembros más débiles. La Madre Teresa de Calcuta dijo: “La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, (…). Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten?”.

La legalización del aborto nunca es la solución de los problemas que pretende solucionar; antes bien, de por sí genera daños graves e irreparables. En tanto, la verdadera motivación, que es la demográfica y la eugenésica, es fruto de una decisión totalitaria, adoptada por fuera de los mecanismos democráticos de toma de decisiones. La voluntad que la sustenta es intrínsecamente injusta y, por ser tal, introduce la violencia en la sociedad toda.

El proyecto de ley de aborto viola el derecho a la vida que tiene todo ser humano inocente cualquiera sea su circunstancia, y no prevé las consecuencias traumáticas del aborto para la madre, la familia y para la sociedad toda.

Epílogo. El amor es más fuerte. En la historia de cada mujer, en la generalidad de los casos, el embarazo imprevisto genera una respuesta superadora, ante la intuición del bien de la vida y de la relación de amor que esta vida implica. El amor es la causa más profunda y el último fin que justifica la defensa de la vida. Y en los casos excepcionales, que los hay, donde la madre no pueda o no le haga bien criar a su hijo, la sociedad deberá suplir tal imposibilidad cuidando a esta mamá tanto como al niño, derivando la protección del hijo a quien esté en condiciones de darla.

José .E. Durand Mendioroz
Salta, abril 11 de 2018

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