Carta pastoral parroquial

Carta pastoral para la comunidad parroquial

Con motivo del debate sobre el aborto en Argentina

Queridos fieles:

Todos conocen la gravísima situación por la que atraviesa nuestro país en este momento, en el cual los atentados contra la vida van tomando un aspecto inédito e inicuo. Se busca justificarlos en nombre de la libertad individual, negando o haciendo caso omiso a las evidencias de las ciencias médicas sobre la vida naciente, y las adquisiciones de la filosofía y la teología que suman en Occidente más de 2500 años de reflexión sobre el hombre y la persona humana, falsificando solapadamente las estadísticas y denigrando la voz de la Iglesia Católica y de toda persona de buena voluntad.

Ante semejante crisis, se impone levantar la voz para proteger la vida y dar testimonio de la verdad de Dios y la verdad del hombre. Así, iluminados por la Palabra divina, el Magisterio de la Iglesia y el auténtico saber filosófico y científico, queremos – con toda la comunidad parroquial – declarar que:

1° Desde el momento en que el óvulo es fecundado comienza una vida que no es la del padre o de la madre, sino la de una nueva persona humana que se desarrolla por cuenta propia, con dinamismos autónomos respecto de la madre que lo alberga en su seno, con un preciso plan de desenvolvimiento de sus potencialidades contenidas desde el primer instante de vida en su patrimonio genético. No será jamás un ser humano si no lo es desde este momento[1].

2° La vida prenatal es vida plenamente humana. Es decir, desde el comienzo de la fecundación se inicia la aventura de una vida humana[2].

3° El nacimiento de un niño señala un momento importante y significativo del desarrollo iniciado con la concepción. No un “salto” de cualidad o un nuevo inicio sin solución de continuidad[3].

4° La vida humana es a la vez e irreduciblemente corporal y espiritual. En razón de su unión sustancial con un alma espiritual, el cuerpo humano no puede ser considerado solamente como un complejo de tejidos, órganos y funciones, ni puede ser valorado del mismo modo que el cuerpo de los animales, ya que es parte inherente de la persona que a través de su cuerpo se manifiesta y expresa[4].

5° La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente[5]. Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1,5).

6° La Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral[6]. No matarás, dice el quinto mandamiento (Ex 20,13) y la misma Escritura precisa diciendo: No quites la vida del inocente y justo (Ex 23,7).

7° La cooperación formal a un aborto constituye un pecado grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314) y todos aquellos sin los cuales este no se habría realizado (los que aconsejan, acompañan, ayudan, presionan, subvencionan económicamente, etc.), en las condiciones previstas por el Derecho (cf. CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad[7].

8° Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte[8]. Por esta razón los derechos fundamentales de la persona no pueden ser objeto de debate social. Una sociedad no puede someter a debate la posibilidad de quitar o no quitar la vida a un ser humano inocente. Una sociedad que debate sobre estos temas es una sociedad que ha perdido la dignidad y por eso pone en duda la dignidad de sus semejantes.

Nosotros católicos, no podemos aceptar la mentalidad abortiva porque fomenta una cultura de muerte; nos repugna que el derecho a la vida desde su concepción sea discutido cuando es internacionalmente reconocido, jamás un derecho humano se discute de lo contrario es necesario destruirlo; no estamos de acuerdo y repudiamos la pretensión del “aborto legal, libre y gratuito” en nuestro país porque el aborto es un “abominable delito”[9]; y nos entristece la actitud de nuestras autoridades políticas porque “cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho”[10].

Queridos hermanos:

“La vida del hombre proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital. Por tanto, Dios es el único Señor de la vida: el hombre no puede disponer de ella”[11]. Encomendemos a la Virgen de Luján la causa de la vida en nuestra Patria. Y roguemos para que quienes creen en Jesucristo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida[12]. ¡Cristo Jesús, en ti la Patria espera!

Párroco

 

[1] Cf. Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes de salud, Carta de los agentes de la salud, 35.

[2] Carta…, 36.

[3] Carta…, 37.

[4] Carta…, 39.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, 2258.

[6] Catecismo…, 2271.

[7] Catecismo…, 2272.

[8] Catecismo…, 2273.

[9] Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 51.

[10] Catecismo…, 2273.

[11] Juan Pablo II, Evangelium vitae, 39.

[12] EV, 105.

4 comentarios en “Carta pastoral parroquial

  1. Me enorgullece que está institución religiosa se manifieste públicamente y con tanta contundencia respecto a esta gravísima situación que vive nuestro amado país. Cómo católica y Argentina los apoyo plenamente. Son ejemplo para otros ‘ grupos católicos ‘ que no se atreven a manifestarse por temor ? o tibieza…GRANDE IVE !!!

  2. Estoy muy triste por todo lo que está pasando. Siento vergüenza ajena, asco, lamentablemente. Y espero que termine pronto. Les pido a ustedes hermanas más horaciones en unión. Tiene más fuerza que todo lo malo en este mundo.

  3. En vez de debatir x aborto deberíamos debatir el apoyo a madres que no quieren tenerlo, ayuda, asistencia y quizá posible adopción del bebito.
    Esta semana me he desencantado de muchos periodistas a quienes admiraba x su lucidez, parece mentira que no se den cuenta de la barbaridad que dicen al estar a favor de despenalizar el aborto, bah despenalizar un asesinato… la muerte de un nuevo ser humano.

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